Estancias argentinas, contemporáneamente clásicas

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Complementar lo autóctono y lo nuevo es un arte a la hora de redecorar cascos de estancia. Aquí, la palabra de un experto, para logar ambientes acogedores y funcionales, con auténtico espíritu de campo argentino.

Por Lic. Mariana Boggione

Fotos: Gentileza Arq. Javier Iturrioz

Publicado en Revista Sólo Líderes N° 60

De día o de noche, el campo acoge. Con la naturaleza como principal aliada, sus casas invitan a disfrutar del frescor del aire, del canto de los pájaros, del ruido de las hojas agitadas por el viento, del sonido de los animales, de la luz de la luna, y de noches infinitamente estrelladas.

Es allí, en el corazón de nuestra Pampa, que se erigen robustos y blancos los cascos neocoloniales, con sus amplias galerías y sus típicas columnatas. Así, la fisonomía de la estancia argentina conserva lo clásico y lo autóctono de nuestro terruño, dejando en la ciudad la modernidad vertiginosa. Aunque también podemos encontrar casonas con marcada identidad europea, decorados con espíritu de campiña inglesa o francesa: en ellas son típicos los géneros estampados, ambientes empapelados, cortinas con bandó, cordones y borlas, cuadros por doquier.

La estancia renovada

“Cuando me llaman para redecorar estancias en nuestro país, suelen pedirme un estilo ´campo argentino´” explica el Arq. Javier Iturrioz, quien opta en esas ocasiones por alfombras de yute con bordes de cuero, cornamentas, sillones lisos, chimeneas grandes y modernas. El sello acogedor, barroco, excéntrico, y a su vez, clásico de Iturrioz, es elegido por marcas de primer nivel, reconocidas instituciones, y por amantes del buen gusto, que dejan sus hogares en manos de un experto.

“La rusticidad y la contemporaneidad maridan armónicamente”, agrega y recomienda ambientaciones con astas de buey, cuernos de vaca, dameros con pieles trabajadas, baúles como mesas ratonas, banquitos de oveja, y objetos en alpaca. En cuanto a colores, sugiere los terracota, rosas, verdes, amarillos, celestes, blanco y negro. Para estos proyectos, sus materiales predilectos son la arpillera, rafia, yute y pieles de vaca.

 Aún con barrales, la tendencia es actualizar las cortinas con paños rectos y vivos alrededor. Para renovar la luminaria, una opción es reemplazar las arañas de caireles por otras de hierro con pantallas de cuero de vaca o crudo. Las camas de bronce se conservan, acompañadas de almohadones renovados. Y los cuadros se reenmarcan, optando por unos rectos con aire alrededor.

Los baños merecen un capítulo especial. En medio, las antiguas bañeras con patas, o una versión nueva de ellas, en forma de nuez; bachas rectas, mármoles de carrara, y pisos damero o mosaicos con dibujos. Según Iturrioz, “el aura original vive en griferías con look vintage”: en bronce, dorado o cobre, con la leyenda “cold” o “hot” en porcelana.

Las cocinas de campo tienen un misterio particular, aunque el tiempo y el uso suelen arruinarlas bastante. “Los muebles y mesadas de madera o mármol, con una araña holandesa de bronce, luces de led y una cocina nueva hacen un conjunto fantástico”, asegura el arquitecto.

En la sala, las chimeneas siguen ocupando un lugar privilegiado. Al renovarlas, el especialista intenta no perder el shabby: “Trato de guardar la chimenea existente, y le compro los morrillos, o una cobertura de vidrio para que no salten chispas”. Además, es amante de las lámparas de pie y de mesa, con pantallas de pergamino, pues “dan un efecto de luz cálida, casi de vela”.

En cuanto a las aberturas, sugiere reparar las existentes o, de colocar nuevas, que sean de madera. “Al hacer ampliaciones, hago copiar las que había antes, para lograr continuidad. Las aberturas de aluminio arruinan la casa de campo”, sentencia.

Quien quiera un check list de infaltables, que tome nota: platería colonial, cerámica de Talavera, objetos autóctonos argentinos, alfombras peludas, cajas de cuero, candelabros hechos con cuernos de vaca, cuadros de aves silvestres y cacería. Jardines y piletas con camastros de hierro y géneros resistentes a la intemperie.

Mexican Style y Andaluz

Hay quienes se inclinan por estilos diversos al colonial, y logran ambientaciones con características culturales de otros puntos del mundo.

Así, existen casas de campo con impronta andaluza, en las que priman los tonos rosas y verdes, los muebles de hierro y objetos de orfebrería. En ellas no falta una salamandra, paredes coloridas, maderas claras y tejidos naturales.

Por su parte, los amantes del Mexican Style se inclinan por el mimbre y los trabajos en hierro, con reminiscencias españolas en los arcos de las puertas y en el dibujo de los muebles. En ellas, los patios resultan ser los espacios preferidos, con paletas cálidas y repletos de flores.

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Una ventana al corazón sudafricano

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Con un estilo clásico y una historia que se remonta a 1946, The Blue Train se ha convertido en un símbolo de los viajes en trenes de lujo. Su ruta habitual une Cape Town y Pretoria, ofreciendo una experiencia única de confort y exclusividad entre los más bellos paisajes del sur de África.

Elegantemente decoradas con mármol italiano y accesorios en oro y plata, las suites a bordo ofrecen servicio personalizado de mayordomo.

Ideal para un cognac y un cigarro después de la cena, The Club Car reúne un bar, mesa de café bien surtida, libros, revistas y juegos de mesa.

Por Mariana Boggione

Publicado en Revista Doquier Nº 91, diciembre 2014.

Desde su creación en 1946, The Blue Train ha sido reconocido como un símbolo de la travesía ferroviaria de lujo y como un ícono de la experiencia turística, la hospitalidad y el ocio en el África meridional. Su recorrido une Ciudad del Cabo y Pretoria, en ambos sentidos, y cuenta también con ocasionales rutas alternativas a Durban, Pilanesberg y Kruger.

Comparables a las habitaciones de los mejores hoteles del mundo, las suites a bordo ofrecen cinco estrellas de clase y confort. Elegantemente decoradas con mármol italiano y accesorios en oro y plata, ofrecen servicio personalizado de mayordomo en viajes de 27 horas con todo incluido.

The Blue Train se destaca por su gastronomía, con menús acompañados por una amplia selección de vinos sudafricanos y una carta premiada por el Annual Diner’s Club Award of Approval. La experiencia de viaje incluye los paisajes en los que el tren serpentea, atravesando gran parte del sur de África, y se complementa con una excursión a la mina Kimberley Hole Diamond y a la pintoresca localidad de Matjiesfontein.

El tren se ha ganado su lugar en la historia de los viajes de lujo. Pero lejos de estancarse en la tradición de un clásico, en los últimos años ha sido renovado incorporando lo más avanzado en tecnología sobre rieles. Hoy posee un sofisticado sistema de suspensión que ofrece uno de los paseos más suaves que se pueden encontrar en este tipo de medios de transporte alrededor del mundo, asegurando el descanso y un sueño apacible.

Confort sobre rieles

La empresa dispone de dos conjuntos de trenes. Ambos son muy similares en la decoración y difieren en algunos detalles, especialmente en su capacidad, ya que uno puede alojar 74 pasajeros mientras que el segundo tiene espacio para 58 huéspedes.

El de menor capacidad es el más exclusivo; posee un vagón ambientando como sala de conferencias en un extremo, con ventanas en tres de las paredes para disfrutar al máximo del paisaje. Caminando a lo largo de sus pasillos se llega a The Club Car, un salón donde disfrutar un cognac y un cigarro después de la cena. Este espacio reúne un bar, mesa de café bien surtida, libros, revistas y juegos de mesa. Para relajarse y disfrutar de una merienda y refrigerios está The Lounge Car, mientras que no falta un vagón especial, The Dining Car, para almorzar o cenar cómodamente.

La etiqueta a bordo es de suma elegancia, ya que cuenta con un código de vestimenta smart-casual durante el día, mientras que de noche los caballeros deben usar saco y corbata, y las damas, un vestido elegante.

No son pocas las personalidades y celebrities que han elegido The Blue Train para unas relajadas vacaciones. Por sus restaurantes y suites han pasado Elton John, Kylie Minogue, Naomi Campbell y otros famosos que eligieron esta original experiencia para recorrer con comodidad y estilo los confines del sur de África.

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Bal Harbour Shops

Las mejores marcas del mundo en segmentos como diseño, alta costura, calzado, joyería y relojería se concentran al norte de Miami Beach, en Barl Harbour, donde las tentaciones para hacer compras hoy suman hasta un fashion room personalizado en la habitación de un hotel.

 

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Este paraíso chic de tiendas de diseño, que se inauguró en 1965, genera los mayores ingresos por metro cuadrado de los Estados Unidos.

 

 

El St. Regis Bal Harbour ofrece una innovadora experiencia de compras a partir de un acuerdo con la tienda Neiman Marcus.

 

 

Por Mariana Boggione

(Publicado en Revista Doquier n°82)

 

Bal Harbour, al norte de Miami Beach, sobre el océano Atlántico, ha sido considerada desde sus orígenes como el centro del glamour y la moda del sudeste norteamericano. Allí se levanta el emblemático Bal Harbour Shops, una visión de Stanley Whitman, quien creó un reino exclusivo con su innovador y lujoso concepto de mall al aire libre, hoy convertido en un modelo a seguir para los desarrolladores y en un elemento clave para la definición de estilo y elegancia de esta ciudad.

Este paraíso chic de tiendas de diseño, que se inauguró en 1965, genera los mayores ingresos por metro cuadrado de los Estados Unidos y bien puede considerarse la mejor experiencia de compras del mundo. Una visita se siente casi como una experiencia zen, especialmente mientras se camina a través de dos plantas de boutiques y cafés con palmeras, fuentes y peces koi.

Los nombres del diseño

Bal Harbour Shops cuenta con la mayor concentración de tiendas de diseño en el país y más de cien de las mejores marcas del mundo, además de ser un punto de confluencia para joyerías y relojerías del más alto nivel internacional.

Se pueden recorrer grandes tiendas como Neiman Markus y Saks Fifth Avenue, y locales de alta costura de la talla de Chanel, Giorgio Armani y Valentino. También se hallan diseñadores líderes como Chloe, Carolina Herrera, Hermes, Michael Kors, Mark Jacobs, Oscar de la Renta, Prada, Ralph Lauren e Yves Saint Laurent.

En cuanto a calzado, se destacan Cesare Paciotti, Jimmy Choo, Roger Vivier, Sergio Rossi y Tod`s. Mientras que Bvlgari, Chopard, David Yurman, Harry Winston, Piaget, Tiffany & Co. y Van Cleef and Arpels marcan la presencia de la alta joyería. Indudablemente, basta un simple repaso por las marcas reunidas en Bal Harbour Shops para afirmar que se trata del centro de moda más importante de Miami.

Fashion room privado

En este marco paradisíaco junto al mar, en la intersección del arte, la moda y el diseño, se erige St. Regis Bal Harbour Resort and Residences, el más reciente complejo turístico de lujo de Miami. Este impresionante edificio frente al mar, situado a escasos minutos de la vibrante energía de South Beach, ofrece una innovadora experiencia de compras a partir de un acuerdo con la tienda Neiman Marcus.

El servicio, bautizado como “El armario de Neiman Marcus”, se solicita al hacer la reserva, momento en el que se completa un cuestionario sobre gustos y preferencias. Luego, al llegar a su habitación, el huésped encuentra un armario con los artículos disponibles en la afamada tienda de lujo, seleccionados de manera personalizada por un equipo especial de compras.

Independientemente de si se trata de un perfecto vestido de noche de Marchesa, de una suntuosa maxifalda de Michael Kors, unas elegantes plataformas de Christian Louboutin o el imprescindible monedero de Alexander McQueen, los huéspedes pueden elegir entre una selección de más de cien diseñadores.

Los artículos están impecablemente presentados en un vestidor tan espectacular como espacioso, acentuando el placer de hacer compras y probarse ropa o accesorios en la intimidad de la propia habitación. El huésped puede elegir y adquirir lo que desee, o limitarse a resignar el servicio sin sentirse obligado a realizar compra alguna.

Lujos de hotel

Dando lugar a 243 lujosas habitaciones y suites con vista al mar, el St. Regis Bal Harbour está compuesto por tres torres de veintisiete pisos, completamente acristaladas, que se elevan sobre un amplio tramo de playa frente al océano Atlántico.

Los interiores de este complejo turístico fueron diseñados por el mundialmente reconocido diseñador Yabu Pushelberg. Son verdaderamente impresionantes y cuentan con detalles especiales que abarcan desde espejos antiguos y raras maderas africanas hasta la utilización de un exclusivo mármol chino conocido como “flor de Dios”.

Cuenta además con un impresionante recibidor cubierto de espejos -realzado con relucientes candelabros de cristal de roca-, una suite presidencial con una terraza privada de 110 metros cuadrados frente al mar, una amplia colección de arte contemporáneo, vinoteca con 2.500 etiquetas internacionales, piscinas relajantes y cabañas privadas de lujo.

En cuanto a sus servicios, además de propuestas especiales como El armario de Neiman Marcus, vale destacar el legendario servicio de mayordomo de St. Regis y el alto nivel gastronómico de los restaurantes, especialmente de J&G Grill, dirigido por el chef Jean-Georges Vongerichten.

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