Estancias argentinas, contemporáneamente clásicas

20141102_135420

Complementar lo autóctono y lo nuevo es un arte a la hora de redecorar cascos de estancia. Aquí, la palabra de un experto, para logar ambientes acogedores y funcionales, con auténtico espíritu de campo argentino.

Por Lic. Mariana Boggione

Fotos: Gentileza Arq. Javier Iturrioz

Publicado en Revista Sólo Líderes N° 60

De día o de noche, el campo acoge. Con la naturaleza como principal aliada, sus casas invitan a disfrutar del frescor del aire, del canto de los pájaros, del ruido de las hojas agitadas por el viento, del sonido de los animales, de la luz de la luna, y de noches infinitamente estrelladas.

Es allí, en el corazón de nuestra Pampa, que se erigen robustos y blancos los cascos neocoloniales, con sus amplias galerías y sus típicas columnatas. Así, la fisonomía de la estancia argentina conserva lo clásico y lo autóctono de nuestro terruño, dejando en la ciudad la modernidad vertiginosa. Aunque también podemos encontrar casonas con marcada identidad europea, decorados con espíritu de campiña inglesa o francesa: en ellas son típicos los géneros estampados, ambientes empapelados, cortinas con bandó, cordones y borlas, cuadros por doquier.

La estancia renovada

“Cuando me llaman para redecorar estancias en nuestro país, suelen pedirme un estilo ´campo argentino´” explica el Arq. Javier Iturrioz, quien opta en esas ocasiones por alfombras de yute con bordes de cuero, cornamentas, sillones lisos, chimeneas grandes y modernas. El sello acogedor, barroco, excéntrico, y a su vez, clásico de Iturrioz, es elegido por marcas de primer nivel, reconocidas instituciones, y por amantes del buen gusto, que dejan sus hogares en manos de un experto.

“La rusticidad y la contemporaneidad maridan armónicamente”, agrega y recomienda ambientaciones con astas de buey, cuernos de vaca, dameros con pieles trabajadas, baúles como mesas ratonas, banquitos de oveja, y objetos en alpaca. En cuanto a colores, sugiere los terracota, rosas, verdes, amarillos, celestes, blanco y negro. Para estos proyectos, sus materiales predilectos son la arpillera, rafia, yute y pieles de vaca.

 Aún con barrales, la tendencia es actualizar las cortinas con paños rectos y vivos alrededor. Para renovar la luminaria, una opción es reemplazar las arañas de caireles por otras de hierro con pantallas de cuero de vaca o crudo. Las camas de bronce se conservan, acompañadas de almohadones renovados. Y los cuadros se reenmarcan, optando por unos rectos con aire alrededor.

Los baños merecen un capítulo especial. En medio, las antiguas bañeras con patas, o una versión nueva de ellas, en forma de nuez; bachas rectas, mármoles de carrara, y pisos damero o mosaicos con dibujos. Según Iturrioz, “el aura original vive en griferías con look vintage”: en bronce, dorado o cobre, con la leyenda “cold” o “hot” en porcelana.

Las cocinas de campo tienen un misterio particular, aunque el tiempo y el uso suelen arruinarlas bastante. “Los muebles y mesadas de madera o mármol, con una araña holandesa de bronce, luces de led y una cocina nueva hacen un conjunto fantástico”, asegura el arquitecto.

En la sala, las chimeneas siguen ocupando un lugar privilegiado. Al renovarlas, el especialista intenta no perder el shabby: “Trato de guardar la chimenea existente, y le compro los morrillos, o una cobertura de vidrio para que no salten chispas”. Además, es amante de las lámparas de pie y de mesa, con pantallas de pergamino, pues “dan un efecto de luz cálida, casi de vela”.

En cuanto a las aberturas, sugiere reparar las existentes o, de colocar nuevas, que sean de madera. “Al hacer ampliaciones, hago copiar las que había antes, para lograr continuidad. Las aberturas de aluminio arruinan la casa de campo”, sentencia.

Quien quiera un check list de infaltables, que tome nota: platería colonial, cerámica de Talavera, objetos autóctonos argentinos, alfombras peludas, cajas de cuero, candelabros hechos con cuernos de vaca, cuadros de aves silvestres y cacería. Jardines y piletas con camastros de hierro y géneros resistentes a la intemperie.

Mexican Style y Andaluz

Hay quienes se inclinan por estilos diversos al colonial, y logran ambientaciones con características culturales de otros puntos del mundo.

Así, existen casas de campo con impronta andaluza, en las que priman los tonos rosas y verdes, los muebles de hierro y objetos de orfebrería. En ellas no falta una salamandra, paredes coloridas, maderas claras y tejidos naturales.

Por su parte, los amantes del Mexican Style se inclinan por el mimbre y los trabajos en hierro, con reminiscencias españolas en los arcos de las puertas y en el dibujo de los muebles. En ellas, los patios resultan ser los espacios preferidos, con paletas cálidas y repletos de flores.

14249920_10153666006860044_4705468387328753220_o

La flor mágica de Kenzo

coq-01

Con su mirada poética, Kenzo embellece el mundo sembrando campos de amapolas en las principales ciudades del globo. Desde París, Londres y Moscú, hasta Buenos Aires, se tiñeron de rojo y fueron perfumadas con su fragancia insignia: Flower By Kenzo.

Por. Lic. Mariana Boggione

Fotos: Kenzo

Publicada en Revista Solo Líderes, enero de 2016.

“El mundo es bello”. Esta frase de cabecera de Kenzo resuena desde hace más de 15 años en sus creaciones, con una mirada poética y diferente sobre el universo, y lo mueve a dar fragancia a una flor que originalmente no tiene aroma: la amapola.

Una flor delicada y fuerte, pura, sensual y urbana como los rascacielos, se convierte así en ícono su fragancia insigne Flower By Kenzo, creada en el año 2000. A diferencia de lo que podría pensarse, la amapola no es un componente, sino el emblema de un ya consagrado clásico de la perfumería.

Los campos de amapolas

La naturaleza, lo bello, lo optimista y lo colorido impregnan la filosofía Kenzo. “Con el espíritu de crear un escenario natural que refleje la espectacularidad de esta emblemática y mágica flor, la marca decide embellecer el mundo sembrando campos de amapolas en las principales ciudades del globo” afirma Mirta López, Training Manager de Kenzo Argentina.

París, Singapur, Hong Kong, Moscú, Londres, Viena, México, Madrid, Bruselas, Lyon, Toulouse, Dubai, Varsovia, Johannesburgo, y también la misma Buenos Aires, se vieron teñidas de rojo, intervenidas por Flower By Kenzo.

“En la Plaza Roja de Moscú y en la explanada del Centre Pompidou de París, se han llegado a utilizar un total de 200.000 amapolas, mientras que en Londres fueron plantadas 60.000”, detalla López. Cabe destacar que estas flores son creadas exclusivamente en Francia y se envían a los diversos puntos cardinales donde, luego de ser perfumadas con Flower, se realizan las intervenciones urbanas. “La gente hace cola más de una vez para que le den amapolas en estos eventos”.

Además de haber tenido su campo en Plaza San Martín, Buenos Aires fue elegida como locación para realizar una de las publicidades televisivas que representó a la fragancia por cuatro años a nivel internacional. Para esta ocasión, Caminito (San Telmo) se transformó en un gran sendero repleto de amapolas rojas.

Un clásico exitoso

“Podría decirse que Flower es sinónimo de Kenzo” confiesa Mirta López, y enfatiza: “se venden 5.000 frascos al día en todo el mundo, ¡con los que se podrían cubrir tres veces la altura de la Torre Eiffel cada día!”.

Por su imagen, por sus acciones, su caja y su jugo, los diez principales narices del mundo posicionan a Flower By Kenzo entre los 10 clásicos que ninguna mujer debería dejar de sentir en su vida. Es una fragancia que por su lujo resiste al tiempo, superando el fenómeno de la moda.

Ya habiéndose consagrado como un clásico por haber superado 10 años en el `Top 5´ de la perfumería mundial, Flower By Kenzo celebró en 2015 su decimoquinto aniversario lanzando una nueva fragancia: Flower By Kenzo L´Élixir.

Esta flamante edición cobró forma en la imaginación del Maestro Perfumista Alberto Morillas, después de visitar un campo de Rosas Búlgaras.L`Elixir tiene el sello de la marca, parte del ADN de Flower, como los almizcles blancos, pero suma otras notas gourmet, convirtiéndose en una fragancia muy actual, moderna, elegante, colorida, que se despega del clásico Flower, que es un floral atalcado”, explica López.

15 años embelleciendo el mundo

En Argentina, los Jardines del Museo Nacional de Arte Decorativo de Buenos Aires fueron el escenario elegido para celebrar los 15 años de Flower By Kenzo. El evento contó con la presencia de destacados periodistas y celebridades de la moda y la belleza como Florencia Torrente, Sabrina Garciarena, Isabel Englebert, Julieta Pink, Javier Iturrioz y Fabián Medina Flores, quienes se acercaron a brindar y disfrutar de la imponente exhibición de amapolas gigantes que se instaló para el festejo, y conocer el flamante FBK L`Elixir.

Dicha exhibición seguirá vigente hasta el mes de marzo 2016 inclusive, en la Plaza Rubén Darío, donde se pueden ver también las dos amapolas realizadas por el artista plástico Plablo Stein.

Descubrite

Si bien en el mundo de las fragancias no hay patrones establecidos, Mirta López (Training Manager de Kenzo Argentina) nos ayuda a descubrir cuál es el Flower ideal para cada una.

Flower By Kenzo: Para una mujer clásica, elegante, refinada, que conoce el lujo y goza de los grandes clásicos.

Flower In The Air: Es una línea más naif, para sentirse más relajadas, con una fragancia más desestructurada y joven, repleta de flores frescas.

Flower By Kenzo L`Elixir: Es hoy y para todas. Es tendencia que conquista al instante de probarlo, con su intensidad de colores transmitida por la frambuesa de salida.

img_20160502_145743

Moncarz: el pintor de la música

Representará a Argentina en la próxima Bienal de Florencia. Sus obras no tienen bocetos ni preparaciones previas. Surgen de un estilo libre y genuino, espontáneo, que aspira a transmitir sentimientos imposibles de repetir, imposibles de planear.

 

DSC_9816

 

Su obra de la bienal pasada fue vendida de inmediato y tuvo una repercusión maravillosa; se augura que “Vientos de Cambio” tenga la misma suerte.

 

 

En sus seminarios de Arte Potencial, el artista transmite su experiencia de la fusión entre la pintura y la música mientras realiza una obra en vivo.

 

Por Lic. Mariana Boggione

(Publicado en Revista Doquier n°84 – Nota de tapa)

Nacido en Argentina, Norberto Moncarz inició su formación artística en Brasil y luego la completó en Buenos Aires. Su obra no es una composición de técnicas ni una evolución de experiencias acumuladas; es la expresión más genuina de su propio ser. Él mismo no se imagina haciendo algo que lo represente de una manera más auténtica. Aunque sus comienzos fueron variados, lo abstracto es un modelo en el que se mueve con agilidad, se expande sin límites.

En la pintura encuentra reflejadas sus aspiraciones más profundas, una manera de comunicación que trasciende palabras y actos; llega a niños, adultos, a distintos sectores sociales: es un idioma amplio, con códigos de interpretación libre. Convencido de que para la creación no hay etiquetas, en sus obras deja ver un claro sentido de la experimentación. No hay rótulos, no hay lógica que condicione la interpretación de sus expresiones artísticas.

Sus obras tienen varios niveles de lectura y cada cual penetra hasta la profundidad que quiera o pueda, no hay reglas fijas. Ni siquiera el mismo artista sabe cuántos estratos se pueden bucear. Para él también es un desafío creativo.

En la Bienal de Florencia

De técnica mixta y una medida de 140 x 180 cm., la obra “Vientos de Cambio” refleja un momento particular de la vida de Moncarz, donde el cuadro representa un sentimiento que nace de lo más profundo de su ser. Allí se plasma la búsqueda del color en un concepto amplio, dándole sentido y dimensión al movimiento, donde el futuro va tomando cuerpo a través de una vivencia plena del presente.

Del 30 de noviembre al 8 de diciembre de este año, con “Vientos de Cambio” Moncarz estará representando a la Argentina en la Bienal de Florencia, uno de los eventos más importantes de arte del mundo, a realizarse en La Fortaleza di Bazzo.

Por segunda vez consecutiva, el artista estará representando al país en esta cumbre internacional del arte, que reúne a 650 artistas de todo el mundo. Para que esto sea posible, la obra tiene que ser aprobada por un comité científico de 50 integrantes del mundo.

Gracias a su experiencia anterior, y al formar parte del libro que se distribuye en las galerías del mundo, fue a posteriori invitado a exponer en Venecia, Estambul, Mónaco, New York, entre otras grandes ciudades.

La obra de la bienal pasada fue vendida de inmediato y tuvo una repercusión maravillosa. Se augura que “Vientos de Cambio” tenga la misma suerte y llegue a los miles de visitantes que recorren La Fortaleza, con la misma respuesta, tan gratificante para un artista.

El desafío de reinventarse

“La vida es una aventura donde el camino es reinventarse”. Así introduce Moncarz sus seminarios de Arte Potencial. Mediante un diálogo interactivo, el artista transmite su experiencia de la fusión entre la pintura y la música, mientras realiza una obra en vivo. Luego de la presentación, se distribuyen los distintos materiales para que los presentes puedan plasmar su creatividad y disfruten de una nueva experiencia.

El taller busca impulsar la superación de las propias limitaciones y las del contexto, la activación y desarrollo de la sensibilidad a través del arte, el redescubrimiento de lo auténtico, el conocerse así mismo para detectar talentos y habilidades sin detenerse en los resultados, el abandono de viejos mandatos y el desafío de reinventarse.

El arte transforma la percepción frente al mundo. También apasiona y descubre nuevos mundos, confundidos en lenguajes plásticos, fotográficos y musicales. Allí el artista se confunde frente al espacio visual, como un estadío de liberación en el cual fluye su ser, donde todo conecta energéticamente y confluye hacia la abstracción. Su obra es una provocadora insinuación disruptiva, conceptualiza la energía de lo presente: la ambivalencia entre la furia y la alegría social.

Arte Potencial

“Arte Potencial para chicos” es su proyecto, su sentimiento, dirigido a todos los niños para transmitirles la libertad de expresión. Atril, bastidor y pinturas. Toda una sala empapelada de cartón corrugado para poder salpicar pintura, y manchar manos y ropa con tranquilidad.

La música, infaltable para sus actividades, es seleccionada especialmente por Moncarz, quien toda su vida fue DJ, y no duda en interactuar bailando con la gente. Tal es así que alguien le dijo hace poco, conociendo su anterior actividad, que “hoy está bailando sobre la tela, transformando la música en colores”. En muchos eventos lo acompaña su hijo, también amante de las consolas y con 18 años ya reconocido dentro de la música electrónica, lo que permite una maravillosa fusión padre-hijo compartiendo la pasión por el arte.

Con los niños en la sala, primero les cuenta lo que va a hacer: pintar una obra para que ellos puedan ver cómo lo hace, qué elementos utiliza, qué técnica, qué colores… Cuando termina su obra, los chicos pueden llenarse los rostros de colores que juegan entre sus miradas y la música sonando, con ritmos contagiosos al punto de hacerlos aplaudir y bailar. Luego ellos pueden tomar lo que vieron, y volcarlo a una remera blanca, invadida en su pureza por un arco iris de creatividad.

En los días siguientes, los chicos intervienen sus aulas con temáticas distintas: la noche, el otoño, el mar… he aquí la última etapa de esta actividad, para invitar a padres y familias a compartir una tarde de arte.

Crear, divulgar y leer arte es para él enseñar, comunicar. Dar a través de las obras a quienes lo necesitan es un propósito claro en su vida. Definitivamente, para Moncarz, triunfar es expresarse.

La inspiración de Botticelli

La bella Simonetta Vespucci sería inmortalizada como la gran musa del Renacimiento en Florencia. Su figura se mueve a lo largo de toda la obra pictórica creada por su vecino y enamorado, Alessandro Filipepi, más conocido como Botticelli.

 

Sandro_Botticelli_066

 

“El Nacimiento de Venus”, expuesto en la Galleria degli Uffizi, es la suma poética de cuanto Botticelli amó, y amaron todos los florentinos.

 

En el museo completo de Sandro, la vemos caminando, danzando, con sus amigas en una comitiva, reposando, de espaldas, de frente…

 

Por Mariana Boggione

(Publicado en Revista Doquier n° 81)

De todos los enamorados de Simonetta Vespucci, Sandro Botticelli fue el más cobarde, el más valiente, el más tímido, el más resuelto, el más constante, el más desconocido, el más presente, el más ausente, el más vigilante, el más distraído, el más callado, el más hermético, el más expresivo y el más fiel.

Sandro Botticelli se llamaba Alessandro Filipepi, pero lo apodaron Botticelli por trabajar junto a un bebedor a quien le decían Il Botticello (botellón). La familia Filipepi era del mismo cuartel que los Vespucci. Siempre vivieron vecinos. Entre los que primero vieron a Simonetta estaba Botticelli. Él era ocho años mayor que ella, y la descubrió cuando todos la ignoraban. Luego la llamarían “la bella Simonetta”, por ser la más hermosa de Florencia.

Sandro había nacido para el arte. Primero se acogió a la obra de Filippo Lippi, y luego a la de Pollaiuolo. Sus primeras pinturas son un eco de las Madonnas de Lippi, o de las afirmaciones escultóricas de Pollaiuolo. De pronto se descubre, se rebela, se emancipa. Surge con un estilo propio. Pasa a ser definitivamente Sandro Botticelli por el milagro de la casa vecina, gracias a la Simonetta. Por aquél entonces hace su retrato en “La Adoración de los Reyes Magos”.

El Nacimiento de Venus

Simonetta inspiró las obras más hermosas del Renacimiento italiano. “El Nacimiento de Venus”, expuesto en la Galleria degli Uffizi, es la suma poética de cuanto Botticelli amó, y amaron todos los florentinos. Una figura de mujer que escapa a todos los triunfos de la muerte y que, viviendo, sabe hasta dónde es efímera la vida de una rosa. Si de toda esta época no hubiera quedado sino esa imagen, con ella sola se podría decir que hubo, en el mundo, un Renacimiento.

Todo en esta Venus, siendo tan fresco, es ya maduro. Y sin bien se mira ese rostro que ha pintado ahora Botticelli, es un rostro que él conoce y pinta tiempo atrás, que viene dibujando y coloreando desde hace doce años, decena de veces en sus cuadros, y centenares en sus sueños. Es un rostro que ha caminado por todas sus obras para llegar a este triunfo final. Es el de Judith que va al campo enemigo, el de la Virgen en “La Adoración de los Reyes Magos”, el de “La Madonna del Mar”, el de la figura central de “La Primavera”, el de una de las Gracias en “La curación del leproso”, el de la compañera de Giovanna degli Albizzi en los frescos del Louvre, el de la diosa en “Venus y Marte” de la National Gallery. Es un rostro que más que perseguido, ha acompañado al poeta dibujante, y que él lo ha ido siguiendo, fidelísimo, en su doble vida de belleza y tristeza. Al llegar al momento en que su encanto total culmina, la pinta. Esa es esta Venus. Su rostro de creciente en creciente fue acercándose a la perfección, hasta llegar a su plenitud.

Hizo lo mismo Botticelli con las manos, el cuerpo, los brazos, las piernas. La obra toda del pintor no es sino un vasto cuadro por donde va moviéndose esta misma figura. Es el más grande políptico en la historia del arte. Si en “La Primavera” vemos cinematográficamente andar a Simonetta, en el museo completo de Sandro, en lo que hoy se llamaría su muestra personal, la vemos cien veces, caminando, danzando, con sus amigas en una comitiva, reposando, de espaldas, de frente, moviendo el rostro para que se vean sus contornos en un giro que muestre sus perfiles. Decir cien veces no es exageración, porque cada una de las imágenes que él pintó se nos va animando en el recuerdo, va moviéndose y multiplicándose.

Hasta el día de “El Nacimiento de Venus”, Botticelli fue presentando una Simonetta vestida. Nunca antes había llegado a ese puerto final de su audacia en que por fin atropelló toda reserva y decidió decir: “ella era así”. En la más inmediata de sus representaciones anteriores, la de “Venus y Marte”, Simonetta está más vestida que nunca. Y lo que hizo al despojarla de todo velo, lo hizo al liberarle los cabellos. Él, antes, no hizo sino peinarla, recogerle en trenzas apretadas que sostenían hilos de perlas, una cabellera que al desatarse sería la bandera del triunfo.

La liberación y la verdad

Hay en Berlín, en Londres y en Lucerna otras tres Venus, que si fueran de Botticelli no harían sino continuar el estudio de la misma figura subyugante. No son suyas: son ese no poder morir de las imágenes que él creó en la mente de sus discípulos. Éstas Venus vuelven otra vez a los cabellos apretados en trenzas duras. Eso no podía hacerlo Botticelli, a menos que fueran viejos esquemas de su musa aún encadenada… Pero no, él tuvo que concebir esta obra como la de la liberación de todo lazo inmediato. Liberaba a Simonetta para que volara. Después de esa libertad, la muerte. La otra figura, la de una mujer que avanza en el cuadro con el telón ya listo para correrlo en el último acto, indica el final de la fugaz aparición de Simonetta en el mundo florentino.

Sólo una vez más repitió la aparición de la diosa, ya no fingiendo una Venus, sino una Verdad. Nuevamente con la cabellera desatada, ya no triste, sino trágica, en un extremo de la espantable escena donde se juega todo el teatro de “La Calumnia de Apeles”, con el Chisme, el Embuste, la Violencia, y la Injusticia repartiéndose los papeles del juicio brutal. Ahora sí, la Verdad levanta el índice, señalando la justicia divina, olvidada en el comercio de fraude de los hombres.

Botticelli pintó “El Nacimiento de Venus” nueve años después de la muerte de La Bella. Con la muerte de la amada, su vigor físico fue desintegrándose. Lo enterraron en la iglesia de Ognissanti en Florencia, a veinte pasos de la tumba de Simonetta. Guardando los dos amantes la misma distancia de siempre.

Arte 1 Arte 2 Arte 3

 

El vértigo creativo de Gaudí

El simbolismo y la capacidad de síntesis son los atributos más característicos de este genio de la arquitectura, quien logró hablar a través de las piedras en un estilo signado por la naturaleza del Mediterráneo.

 

antonio_gaudi_dragon

Por Mariana Boggione

(Publicado en Revista Doquier n° 80 – Nota de tapa)

 

La Sagrada Familia por dentro es como un bosque, amplio e íntimo, y la luz que entra por sus casi 300 ventanales infunde una paz inigualable.

 

Logró que el mar se refleje en Casa Batlló, con el objetivo de que el Mediterráneo, como naturaleza, rompa la simetría de los barrios barceloneses.

 

Encontrarse consigo mismo y con la naturaleza es uno de los grandes legados que Antoni Gaudí dejó a la humanidad, materializado en sus obras arquitectónicas. Sin duda su manera de fusionar estructura, función y simbolismo lo han convertido en un creador inigualable.

Todo en Gaudí es un vértigo vertical ascendente, que eleva, conmueve, sacude y llama a la reflexión. Su obra podría denominarse un “arte de la vida”, inspirado en la naturaleza de aquel mar que descubrió de niño. Decía: “Este mar era mi universidad y el rompeolas la clase preferida, allí donde se respiran los vientos y se ven las olas que vienen del norte, del este y del sur”. El Mediterráneo era una necesidad para Gaudí. Él creía que la luz de 45º del Mediterráneo era la que mejor iluminaba; en su flora, fauna y forma de vida halló su fuente de inspiración para sus obras póstumas: Casa Batlló, Casa Milá (La Pedrera), y sin lugar a dudas, el templo expiatorio de la Sagrada Familia.

La Sagrada Familia por dentro es un bosque del Mediterráneo, amplio e íntimo, y la luz que entra por sus casi 300 ventanales infunde una paz inigualable. Tan importante era para él la luz que decía: “La gloria es la luz, la luz es el gozo, el gozo es la alegría de la esperanza”.

Casa Batlló es el resultado de una antigua casona restaurada, y logró no que se refleje en el mar sino que todo un mar se refleje en ella, con el gran objetivo de que el Mediterráneo, como naturaleza, estuviera en ese inmueble y así se rompiera la regularidad y simetría de los barrios barceloneses. Tal fue la genialidad plasmada en Casa Batlló que en 1933 Dalí la describió en la Revista Minotaure (Paris). Asimismo, el dueño de este inmueble recomendó al Sr. Milá que contrate a Gaudí para construir su nueva casa, luego conocida como La Pedrera, que simboliza los signos del agua sobre la arena.

Cultura de la naturaleza

Gaudí admiraba a los griegos y el gótico, pero los superó por su gran poder de síntesis y su capacidad de trasladar la naturaleza a la arquitectura y al arte. En esta “cultura de la naturaleza” deja a la naturaleza mostrarse, ser.

Su método de trabajo era el empirismo visual y el naturalismo. A partir de la observación, veía los problemas de la naturaleza y las soluciones que ésta les daba. Un ejemplo de ello es el surgimiento de una forma muy característica de él, los paraboloides, que surgieron a partir de la observación de las patas de un escarabajo y de cómo éste se podía sostener sobre una base oblicua.

Gaudí era sobre todo un hombre sintético: seduce por su originalidad, entendida como el regreso al origen, a lo natural. Toda su obra es síntesis del mar, de espacio fluido, de dinámica a la vez viva y formal.

Gaudí era un artista que evolucionaba, por lo tanto este uso de la naturaleza es diferente en sus primeras obras que en las últimas. Hay elementos que se mantienen siempre, como el color, que es expresión de vida. En principio la naturaleza está presente con formas que son copia de las formas naturales; después, poco a poco, Gaudí va introduciendo en sus edificios superficies curvas que son naturalistas, que parece que se mueven. Y al final de su vida, en la Colonia Güell y en la construcción de la Sagrada Familia, construye con formas geométricas que ve en la naturaleza. Esto, por ejemplo, en el interior de la Sagrada Familia, le permitió construir un bosque a partir de rectas que se mueven en el espacio.

Genialidad creativa

Dicen que Gaudí nunca imponía un significado a su obra. Con ella buscaba potenciar la imaginación del espectador. Lo que sí sabemos es que sintetiza aspectos naturales para ser habitados, ya que sólo los espacios poéticos pueden ser habitables. Así ha logrado transportar las estructuras movibles del agua a la arquitectura, en imágenes sincopadas, que no siguen una lógica visual.

La Sagrada Familia es conocida por ser una obra en constante construcción, pero no es una obra inconclusa, sino que es un proyecto planteado para hacer con otros y que se puede aplicar: hoy, quienes están continuando el proyecto, trabajan con los planos y maquetas que Gaudí dejó. En palabras de Jordi Faulí, arquitecto director adjunto de las obras de La Sagrada Familia, “hoy construimos siguiendo sus ideas”, y estiman que en el año 2026, en el 100º aniversario de la muerte de Gaudí, se estará terminando esta obra, que se construye con el aporte de fieles y visitantes. Ese será el momento en que La Sagrada Familia podrá funcionar de forma efectiva, tal como la imaginó su genial arquitecto.

Crear es diferenciar formas que se complementan. Sin dudas Gaudí ha sabido crear espacios poéticos y continuos que envuelven toda una ciudad. Con su genialidad, profundidad espiritual y poder de simbolismo ha logrado que las piedras se muevan en una síntesis naturalista donde el espectador percibe la atmósfera fresca y única del Mediterráneo.

Influencias gaudinianas

Si bien ha habido arquitectos y artistas que han querido acercarse al estilo gaudiniano, auténtico y único, cada uno proyecta y tiene diferentes fuentes creativas. Hay arquitectos que dicen que su obra surge también de la observación de la naturaleza. Un ejemplo puede ser -aunque su arquitectura va por caminos que no son exactamente los de Gaudí- Santiago Calatrava. Los discípulos de Gaudí utilizaban las geometrías que él utilizaba en sus proyectos; y han proyectado edificios con hiperboloides y paraboloides, como es el caso de Félix Candela.

A su vez la acogida de Gaudí en Oriente ha ido creciendo. Actualmente se destacan los estudios realizados por el Dr. Ire, en colaboración con la profesora de Arte en la Universidad Internacional de Catalunia, Concepción Peig, y los estudios desarrollados en las ciudades japonesas de Tokio, Kioto, Nagasaki y Fukuoka.

Gaudí y el Mediterráneo

Como especialistas en la obra de Gaudí, los españoles Concepción Peig y Jordi Faulí estuvieron en Rosario en agosto pasado para disertar en torno a la temática “Gaudí y el Mediterráneo”, haciendo un recorrido por la obra de este arquitecto y ayudando a descubrir la belleza de la vida que su arte expresa. Visitaron nuestro país invitados por Austral Cultura, el área de cultura de la Universidad Austral.

Tapa (2)   Arte 1Arte 2Arte 3

Entre bancos spaghetti y Givenchy

Pablo Reinoso vive en París, pero es argentino. Su trayectoria abarca desde obras impactantes de fama mundial hasta la dirección artística de los perfumes más deseados. Su último trabajo, en ArteBA, renueva la vigencia de un estilo único.

Imagen

 

En la última edición de ArteBA, sorprendió con una obra escultórica en acero inoxidable que sobrevolaba sobre los transeúntes.

 

Ha sido responsable de la estrategia de producto y difusión de Givenchy, una de las compañías con mayor valor de imagen en el mundo.

 

Por Lic. Mariana Boggione

(Publicado en Revista Doquier n°78)

 

El artista plástico y diseñador argentino Pablo Reinoso practica la escultura y el diseño en París desde fines de la década del ‘70, ha sido invitado a la Bienal de Venecia y cuenta con obras en diversas colecciones públicas del mundo. En nuestro país sus trabajos se exhiben en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO), en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA) y en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). En Brasil dejó su huella en el Museu de Arte Moderno de São Paulo. También posee obras en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC), ubicado en las entrañas de España, así como en la capital francesa, en el Centre Georges Pompidou, Fonds National d’Art Contemporain, y Musée des Arts Décoratifs, entre otras.

Sus trabajos se despliegan en un territorio de frontera entre distintas disciplinas: las artes plásticas, el diseño y la dirección artística. Ha trazado una evolución que abarca desde esculturas de influencia étnica en hierro, piedra y madera (especialmente en sus inicios), hasta trabajos para firmas con el renombre internacional de Givenchy y Loewe. En la segunda mitad de los ‘90, su trayectoria dio un brusco giro y se orientó más decididamente hacia lo contemporáneo.

ArteBA 2012

En la última edición de ArteBA, Reinoso exhibió un imponente trabajo que se elevó por sobre el Bar Chandon, habitual escenario de expresiones artísticas que rescatan nuevos movimientos y tendencias. El artista sorprendió con una obra escultórica en acero inoxidable que sobrevolaba sobre los transeúntes.

La llamada “Reflejo del Infinito” es una nube reflejante, un gran moebius con un camastro debajo donde la gente se puede recostar a mirar la obra. A su vez, como si fueran muelles que salen de esa especie de isla rectangular conformada por el camastro, se desprenden mesas con espejos, generando con sus reflejos la impresión de poseer y expandir pedazos de la escultura.

Una vez más, Reinoso introduce un elemento de función en este trabajo, que toma como lenguaje artístico al firulete. “Algo ocurre que en la obra tarde o temprano termina teniendo una función, más o menos abstracta. La función es un elemento más con el que trabajo”, afirma el artista. Así ocurre también con sus famosos “bancos spaghetti”, donde el objeto se libera de la función para la cual fue concebida y retoma un camino de libertad onírica.

Entre el arte y el diseño

Pablo Reinoso es diseñador de producto y consultor en comunicaciones desde los años ‘90. A principios de este milenio fundó su propia compañía: “Pablo Reinoso Studio”. Se ha desempeñado como director de arte y comunicación, siendo responsable de la gestión de marca, estrategia de producto y difusión de una de las compañías con mayor valor de imagen en el mundo: Givenchy. Hasta los 40 años vivió de la escultura, pero varios trabajos en diseño y teatro le abrieron las puertas de la gran empresa de cosméticos. El trabajo más completo es el que realizó con las marcas Givenchy y Loewe, ya que al tener las riendas durante muchos años pudo transformar la imagen de la marca, según ha dicho, para llevarla “adonde pensaba que tenía que ir”.

También se destacan sus proyectos de imagen en el fútbol europeo. Uno de los últimos ha sido la presentación de la camiseta del Olympic de Marseille -para usar el campeonato que viene- en colaboración con Adidas.

Reinoso confiesa que la dirección artística le enseñó a ordenar los signos: “Es como un director de orquesta que tiene que llevar a cabo la interpretación de una música, y cuenta con distintos músicos, timbres, instrumentos…, la misión del director de orquesta, como de un director artístico, es definir qué sentido tiene todo eso y llevar al equipo en esa dirección.”

Reinoso incursionó también en la arquitectura; disciplina que puede vislumbrarse en sus obras. Mientras su trabajo como artista le implica una auto-reflexión, en su tarea de diseñador en la compañía francesa despliega sus dotes de arquitecto. Tanto en sus famosos “bancos spaghetti”, como en la última fragancia sacada al mercado, las figuras, objetos, sonidos y materiales que salen de sus manos tienden a ponerse en movimiento.

Imagen

Chandon en ArteBA

No es casual que la participación de Pablo Reinoso en ArteBA haya llegado de la mano de Chandon. En cada edición de esta muestra, la bodega busca sorprender poniendo en escena expresiones innovadoras dentro del universo artístico local e internacional.

La firma es también sponsor del “Barrio Joven”, un espacio ya consolidado dentro de ArteBA, donde artistas y galerías emergentes encuentran su lugar para mostrar sus últimos trabajos y novedades.

La trayectoria de esta bodega junto al arte y la cultura se ha mostrado de diversas formas: donando obras, apoyando a museos y galerías de todo el país y promoviendo a artistas jóvenes a través de las Bienales Chandon y las Culturales Chandon.